Nemecio, Prudencio y Alejandro Torvisco (Anypsa)
A mediados de la década de los 80, un joven Nemecio Torvisco de apenas 14 años se dedicaba a vender golosinas en la puerta del cine Riva Agüero, en el Agustino. Desde muy joven conoció la fuerza del trabajo, puesto que luego de que falleciera su padre, Nemecio y sus hermanos tuvieron que dedicarse a cultivar la tierra en su natal Abancay.
Sin embargo, la llegada a la capital representaba una nueva oportunidad para los hermanos. Además de vender caramelos en el cine, Nemecio también trabajaba en una carpinterÃa y ahorraba todo lo que podÃa. Durante aquellos años uno de sus hermanos perdió su empleo en una fábrica de pinturas, pero como ya conocÃa el negocio decidió dedicarse a la venta de pinturas.
Nemecio se unió a su hermano en esta primera aventura y lo apoyaba en el negocio. Pero los buenos resultados les dieron una nueva idea: iniciar una fábrica de pinturas. Los hermanos tomaron los ahorros que tenÃan y los invirtieron en la compra de un motor eléctrico. Fue asà como empezó Anypsa.
Luego de iniciada la venta, llegó el momento de enfrentar un nuevo problema: la contabilidad de la empresa. Sin mucho conocimiento de contabilidad fiscal ni un sistema de facturación adecuado, Nemecio se arriesgó. Cuando el nivel de ventas les sonrió, se mudaron a otra tienda de 500 metros cuadrados en Naranjal. Desde entonces sus ventas sólo han ido creciendo. Hoy cuentan con un moderno taller de pintura y un equipo de más de 600 empleados. Y todavÃa quieren más: el mercado internacional les atrae, pero primero quieren que Anypsa conquiste el mercado local.

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